Todos hemos conocido en la vida lo que
es el fútbol, uno de los juegos y negocios más rentables; pocos han
conocido la situación que viven miles de personas "reubicadas" -o mas bien desubicadas- en
edificios en Medellín, un hogar para la vida inmersa en un juego que
enriquece a sus negociantes: “Hicieron fue un negocio” en
expresión de Amparo, una habitante de Ciudadela Nuevo Occidente o
“pajarito”, que es una congestión de edificios montados desde la
administración municipal donde “concentraron la pobreza sin
mejoría en calidad de vida” de las personas "reubicadas" y desplazadas
de diferentes barrios y zonas.
A don Efraín por ejemplo, “pajarito”
le comenzó como un juego de secretos y promesas entre el Instituto
de Vivienda Social de Medellín (Isvimed) que tiene el “pito” en
vivienda, y las empresas de construcción, quienes tienen el balón
en este caso. "Mi casa en Robledo la necesitaban para una vía, dijeron que me pasara en cuestión de préstamo: yo entregaba mi
casa y ellos este apartamento”. A don Efrain le pintaron pajaritos en el aire “que venía pa’ una casa muy digna, pero tengo muchos problemas”. “Primero que todo no me
dijeron que iba a propiedad horizontal, que había que pagar
administración, que aumentaban los servicios” y ya “esos muros viven chorreados pues se entra
agua al llover. Segundo, estuve cuatro meses escribiendo a Isvimed
para que miraran canillas y sanitarios que botaban agua a diestra y
siniestra. Se llegó al punto que tuve que censurar el lavaplatos”.
Con
una línea vial por el costado occidental de Medellín, don Efraín sintió la norma en esta trastornada cancha llamada urbe o ciudad
innovadora, es decir, que prima el espacio público manejado por los
privados sobre el espacio u hogar de los habitantes tal y como en el
fútbol prima la verticalidad y decisión de técnicos y árbitros
sobre los deseos de quien recibe la patada.



